La situación de las farmacias barriales al final de 2017

Hace ya tres años que hago este ejercicio de verificar el diagnóstico que efectué en su momento sobre la situación del segmento de las farmacias barriales y desde el mismo esbozar una proyección sobre su futuro.

Siempre consideré que la farmacia barrial sólo se justifica si atiende las recetas de Pami y tomando esta premisa efectuaré el análisis.

A principios de 2016 hubo un quiebre en el negocio de la farmacia barrial. Pami, unilateralmente, suspendió pagos. Para una economía en un precario equilibrio eso se tradujo en dejar de atender recetas de insulinas y/o tiras de medición de glucosa y algunos medicamentos otorgados al 100% por Pami. Obviamente que las ventas bajaron.

Hubo, durante el 2016, un ajuste tarifario y renovaciones de alquileres que incrementaron los gastos fijos, bajando la utilidad neta del negocio.

Está bueno que me detenga en este punto. Recientemente (02/11) el Colegio de Farmacéuticos emitió un comunicado en defensa de los embates de Farmacity para ingresar a la provincia de Buenos Aires. El título era: “Nos aggionamos profesionalmente en beneficio de nuestros pacientes, no para hacer negocios con los medicamentos”.

En algún otro de los análisis efectuados desde el 2014 sostengo que la política se llevó puesto al negocio o a lo económico. ¿Hay algo de malo que una farmacia barrial genere utilidad? La única manera de hacer sustentable a la farmacia barrial es velar por su viabilidad económica.

Durante 2016 se produjo una concentración de la dispensa de recetas en grandes farmacias y/o cadeneras. Las farmacias de barrio bajaron sus ventas y además enfrentaron los aumentos de sus costos fijos.

Esto que expreso puede ser verificado analizando el número de recetas gestionado por el Colegio. Seguramente hubo una gran baja y como contrapartida debió haber crecido el número de lotes presentado ante las Cámaras de Farmacias.

La retención del 16.6% que aún permanece inalterable fue deteriorando la economía de las farmacias de barrio ya que “el negocio de la farmacia pasó a ser de volumen”. Hoy una farmacia barrial no resulta viable. Esto favorece el crecimiento de las cadeneras y/o farmacias grandes y los vecinos ya se han acostumbrado a viajar para conseguir sus medicamentos.

Las únicas farmacias que se resentirían por el ingreso de Farmacity son, justamente, las grandes farmacias y/o cadeneras zonales.

Hasta que no se logre una reducción considerable de las retenciones de Pami y otras Obras Sociales y Prepagas, el futuro de la farmacia barrial será oscuro.

Cuál sería la facturación que debe alcanzar una farmacia barrial para justificar su existencia, que dicho sea de paso, para mí sería que le permita a su dueño alcanzar una vida digna para él/ella y su familia.

Si se considera el cuadro en el que no están todos los ítems que componen los gastos mensuales sería necesario, como mínimo, lograr una facturación de 300 mil pesos de venta a particulares.

Definitivamente no hay farmacias barriales que vendan 300 mil pesos a particulares.

Esta situación no es nueva; ya se veía en el 2014. Lo que agravó la situación fue la coincidencia del corte de los pagos de parte de Pami, el aumento de los costos fijos y la baja sustancial de las recetas de Pami durante el 2016.

¿Futuro? Las cadeneras locales seguirán incrementando el volumen de las ventas y las farmacias establecidas en los barrios irán sucumbiendo lentamente.

Que por favor se entienda: esto no es el producto de la modernidad, acá hay una conjunción de causas: la ausencia del Estado y la falta de poder de la dirigencia farmacéutica para poder renegociar el convenio con Pami. Hoy, la farmacia pasó a ser un negocio de volumen.

Veremos que sucede en el futuro. Creo que las cartas ya están tiradas. Es posible que Farmacity no ingrese a la Provincia, pero la concentración de la oferta y venta será inevitable.

Noviembre, 2017

Oscar O. Conti

Atiendo y administro mi farmacia barrial y brindo servicios de consultoría sobre diagnóstico y aprendizaje de las organizaciones.
Estudié Farmacia y Bioquímica y Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires.
Me especialicé en Planeamiento y Control de Gestión.
Trabajé en organizaciones multinacionales y locales y como consultor independiente en empresas argentinas e internacionales.
Coordiné seminarios y talleres sobre planeamiento y control de gestión en la Universidad de La Matanza, y en diversas organizaciones con y sin fines de lucro.
Trabajé como voluntario en el Programa de Salud Mental del Hospital Pirovano coordinando talleres vivenciales.