El viaje hacia el cambio

El cambio es uno de los temas que siempre me ha apasionado. Lo he investigado a lo largo de toda mi carrera laboral. Lo experimenté y lo continúo experimentando en mi vida personal.

Entre otras tantas cosas, hablamos mucho del cambio. En palabras, todo parece muy simple, es más, se lo expresa de tal manera que aquellos que no podamos “subirnos al trencito” del cambio nos quedaremos para siempre en el andén de la vieja estación. Las colas para sacar boletos son largas y lentas, nos llenamos de ansiedad pensando que nos quedaremos, irremediablemente, abajo.

Después de mucha cola, de mucho boleto y de mucha ansiedad, he concluido que nadie puede cambiar a nadie, y mucho menos a través de unas líneas escritas o unas frases con olor a profecía. El cambio no es un sitio, un espacio. Es una sensación. A lo sumo, y con mucha suerte, es posible acompañar a quien desea iniciar un proceso de cambio, que no es otra cosa que comenzar a acercarse a su propia esencia, a su “si mismo”, despojándose de las máscaras y recetas compradas para el viaje. ¿Quién no ha comprado recetas infalibles alguna vez?

¿Qué tiene que ver esto con las Empresas?

cambioTodo. Tratamos (empresas, dirigentes y empleados) afanosamente de ser lo que no somos, pensando que la panacea consiste en convertirnos en “eso” que se dice que debemos ser. Nos comenzamos a esconder detrás de las palabras, sueltas o en frases. Las palabras nos enmarañan y no nos damos cuenta, que de a poco, se nos apaga la creatividad y nos alejamos cada vez más de nosotros mismos. Nos encerramos con nuestras propias palabras. Nos las creemos.

Alejados de nosotros, difícilmente lograremos reconocer al otro, ya sea cliente, jefe, compañero, competidor. Nos acomodamos la armadura y comenzamos a guerrear contra el que se nos ponga adelante. Vivimos para la guerra. Sentimos angustia, dolor, ansiedad, pero lo callamos. Los guerreros no dudan, escuchamos por allí. Hacemos caso a lo que escuchamos (por algo lo dirán) y seguimos alejándonos de nosotros mismos. Nos vamos construyendo usando supuestos infalibles planos. Apelamos a la cosmética para que no se noten los parches que vamos acumulando.

Nos transformamos en seres fragmentados. Solemos hacer, decir, sentir y pensar cosas distintas.

Hay soluciones, claro que las hay. Siempre las hubo. Después de todo, ¿quién nos quita lo bailado? Para estar convencidos de que no queremos algo, es bueno haberlo probado.

Es cuestión de empezar por asumirnos tal como somos y para ello, por ejemplo, es bueno aprender a compartir con los otros lo que sentimos y lo que pensamos. Sacarnos las armaduras, mostrarnos, exponernos, abandonar la cosmética y el control.

Claro está que esto lleva su tiempo. Una vez iniciado este proceso, se convierte en hábito. No se compra por metro o por kilo. Se trata de una toma de conciencia individual que termina trascendiendo hacia lo grupal o colectivo. Es una ida y vuelta, de uno a los otros y de los otros a uno. Sinergia pura.

Peter Drucker, sostiene que “el dirigente del Siglo XXI debe aprender a desaprender lo aprendido, para volver a aprender“. Decirlo es fácil, hacerlo es algo más complicado, sobre todo cuando hemos adoptado el hábito de “prendernos” de cuanta frase hemos escuchado, incluso del mismo Drucker.

Se trata de un viaje, y como en todo viaje, es imprescindible contar con un punto de partida. Este es un viaje muy especial, porque no hay un punto de llegada. Nunca llegaremos a destino alguno. Se trata de ir cambiando el lugar desde donde miramos a nuestra vida, a nuestra empresa y al contexto. Nuestras decisiones, justamente, serán consecuencia de esta mirada.

En compañía de otros, se hace entretenido. Allí mismo, en plena partida, tomamos conciencia de que de eso de acompañar y dejarse acompañar no sabemos mucho.

Buen viaje para todos!!!

Oscar O. Conti

Atiendo y administro mi farmacia barrial y brindo servicios de consultoría sobre diagnóstico y aprendizaje de las organizaciones. Estudié Farmacia y Bioquímica y Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires. Me especialicé en Planeamiento y Control de Gestión. Trabajé en organizaciones multinacionales y locales y como consultor independiente en empresas argentinas e internacionales. Coordiné seminarios y talleres sobre planeamiento y control de gestión en la Universidad de La Matanza, y en diversas organizaciones con y sin fines de lucro. Trabajé como voluntario en el Programa de Salud Mental del Hospital Pirovano coordinando talleres vivenciales.