Dejemos de mirarnos el ombligo

Siento que la Empresa está ahogada, que no está proyectada hacia el mercado. Se ha ido construyendo una cultura orientada a resguardar posiciones individuales y esto ha provocado el descuido de la vitalidad de la Empresa”. Así comencé mi interpretación sobre dos encuestas de satisfacción: una interna y otra externa que había efectuado para una empresa metalmecánica mediana. (Una vez que la terminé de escribir la leí muchas veces y no me animé a retocarla. Había sido escrita desde el corazón). Ver más …

El Otro

Hace algo más de una década, ansioso y angustiado por reconocerme escribí:

Hay un espejo delante, veo mi imagen
me miro a los ojos, tan solo me miro.
No digo palabra y sigo mirando,
el silencio se corta, escucho mis latidos,
tan solo me miro a los ojos.

Si bajo la mirada me asusto de mí mismo,
si sigo mirando aumentan mis latidos,
al tiempo, que no sé cuánto,
me sigo mirando y grito por dentro:
soy yo el mismo que digo,
soy yo a ese que miro.

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Cómo me paro frente a la crisis? ¿Cómo cómplice, víctima o guerrero?

Se reiteran las explicaciones sobre el por qué se llegó a la actual crisis. También se suceden los anuncios de despidos masivos en algunas organizaciones y estimaciones de porcentajes crecientes del desempleo.

Un contexto, sin duda, de desesperanza. Ayer, apenas arrancó el taxi que tomé, el conductor me pregonó lo mal que están las cosas. Los pasajeros, aparentemente, lo alimentaban con información “fresca” sobre las medidas que se estaban adoptando en algunas empresas.

A modo de sentirme anclado me parece interesante preguntarme cómo me paro frente a esta crisis. No es la primera vez que vivo una, aunque, es cierto, siento que estoy debutando con una de esta magnitud. ¡Siempre hay una primera vez para todo!

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¿Dónde *@Ç#* estamos parados?

Muchas son las veces que nos preguntamos cómo habremos llegado a estar donde estamos y también, son muchas las veces que no tenemos idea dónde *@Ç#* estamos.

Como nos acostumbramos a contarnos historias, solemos caer en el enamoramiento de esas historias, las terminamos creyendo y allí nos estacionamos. Sin darnos cuenta nos convertimos en las historias que nos contamos. Nos olvidamos del detalle de que la vida, como todo proceso, es un continuo andar, no basado en el movimiento por el movimiento, sino en comprobar cuál es el resultado del gasto energético que hacemos. Lo importante, siempre, es saber en dónde estamos ahora, en el presente y hacia dónde deseamos dirigirnos.

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Mañana quiero ser alto, de anchas espaldas e inteligente

Nos hemos ido acostumbrando a lo inmediato, a lo exprés. La comida, las reuniones, el sexo, las dietas, las relaciones, el conocimiento, la salud, etc.

Vamos, muchas veces sin darnos cuenta, persiguiendo resultados. Esto nos desorganiza, nos hace perder el rumbo, nos angustia. Olvidamos que la vida es una sucesión infinita de etapas. Dejamos de disfrutar los medios y nos concentramos solamente en los fines.

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